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Traducción e interpretación

Traducción e interpretación

Aunque a menudo traducción e interpretación son dos conceptos que pueden llegar a confundirse, lo cierto es que, a pesar de tener alguna similitud, son dos mundos distintos y cada uno tiene su idiosincrasia. Traducción e interpretación son actividades parecidas en el sentido de que ambas requieren un conocimiento profundo de al menos dos idiomas de la persona que se encarga del trabajo, traductor o intérprete profesional.

En cuanto a las diferencias, la mayor diferencia entre traducción e interpretación es que los traductores traducen textos escritos, webs, manuales, documentación varia, etc. Por su parte, los intérpretes traducen de forma oral.

 

Principales diferencias entre traducción e interpretación

Textos escritos y lenguaje oral

Como hemos comentado, la gran diferencia entre traducción e interpretación consiste en la transferencia del contenido de un texto escrito de un idioma a otro, mientras que la segunda radica en el traspaso de un mensaje oral escuchado en un idioma y retransmitido en otro.

La traducción está compuesta por diferentes especializaciones, como la traducción jurada, jurídica, técnica, entre otras. El traductor reproduce en el idioma de destino el contenido de un texto escrito en un idioma de origen. Durante este proceso, el traductor tiene la responsabilidad de investigar la terminología específica y encontrar equivalencias adecuadas para garantizar que el texto traducido le sea fiel a su versión original y que cumpla la función que le corresponde.

La interpretación, en cambio, incluye otras subcategorías distintas. El tipo de interpretación más común es la interpretación simultánea (la que hemos visto o congresos, donde el intérprete se sitúa dentro de una cabina). También existe la interpretación consecutiva, en la que la transmisión del mensaje se realiza una vez que el orador ha terminado de hablar (se suele utilizar para interpretar discursos, reuniones o testigos en juicios). Por otro lado, en la interpretación bilateral o de enlace, el intérprete se convierte en el enlace comunicativo entre dos personas cuyo idioma no es el mismo. En este caso, el intérprete traduce, tal y como su nombre indica, de manera bilateral, es decir, intercambia continuamente un idioma y otro. Este tipo de interpretación se utiliza en reuniones de pocos participantes.

Al mismo tiempo, la interpretación tiene dos modalidades: la presencial y en remoto. La interpretación presencial es la de toda la vida, es decir la asistencia física del intérprete al lugar donde tiene lugar la reunión o el evento. No obstante, en los últimos tiempos, su uso ha disminuido, poniendo en auge la interpretación en remoto, que puede emplearse también en cualquiera de los tipos de interpretación mencionados con anterioridad.

Traducción e interpretación requieren profesionales diferentes

Si bien el traductor y el intérprete son dos profesiones diferentes en muchos sentidos, también tiene sus similitudes. De hecho, a menudo las confunden.

Un traductor profesional no solo debe dominar, al menos, dos idiomas y haberse formado para ello, sino que debe tener algunas habilidades innatas o adquiridas como:

  • Buena redacción: es muy importante redactar bien y tener una buena capacidad para expresarse en diferentes estilos y registros.
  • Curiosidad: condición que debe poseer un traductor profesional ante cualquier temática. El traductor debe tener además una cierta “intuición lingüística” para resolver sobre la terminología que le genere dificultades
  • Precisión: para asegurar la calidad de la traducción, ya que el traductor debe revisar minuciosamente su trabajo.
  • Organización: la organización y la puntualidad son vitales en esta profesión. El traductor conoce su propio ritmo de trabajo y sabe cuánto tiempo le llevará realizar una nueva traducción.

Por último, el traductor debe poseer, además, habilidades informáticas básicas para utilizar los procesadores de texto y las herramientas de traducción en línea.

El intérprete, en cambio, requiere una serie de habilidades que no necesariamente son las mismas que las del traductor.

  • Improvisación: muchas veces el intérprete debe tomar decisiones de traducción con poco tiempo para pensar, mientras está trabajando in situ en medio de una reunión o conferencia. Por eso, debe tener una gran capacidad de análisis y buenos reflejos que le permitan salir de situaciones inesperadas, que no tenía previstas, y que debe solucionar de forma eficaz y rápidamente, en apenas unos segundos.
  • Síntesis: el intérprete puede recibir mucha información en un corto periodo de tiempo. Por eso, debe ser capaz de extraer los conceptos importantes y discriminar lo superfluo del mensaje.
  • Memoria: no es tarea fácil, ya que hay que entrenarla durante mucho tiempo, pero esta habilidad es indiscutiblemente vital para un buen intérprete, ya que debe recordar cada frase que se ha dicho y poder interpretarla de forma precisa.
  • Concentración: el intérprete escucha, entiende, analiza, sintetiza, habla y toma notas. ¡Todo a la vez! Por lo que cualquier distracción podría ser fatal. Hay que poner los 5 sentidos en el diálogo, discurso o ponencia. Por eso, la concentración es importantísima para esta profesión.

 

En resumen, si estuviésemos jugando a “Encuentra las 3 diferencias”, podríamos decir que la oralidad, la inmediatez y el estilo del trabajo distinguen a la interpretación de la traducción. Además, hay que tener en cuenta que tanto en la traducción como en la interpretación existen diversas modalidades, y cada una de ellas tiene unas características concretas. En AT Language Solutions tenemos traductores e intérpretes especialistas en todos los ámbitos, ¿hablamos?

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